Desde mucho tiempo, las mujeres son objeto de discriminación por parte de una sociedad machista que las cataloga con estereotipos constantemente reforzados por la televisión y los diferentes medios de comunicación. Hoy, las mujeres son parte de un proceso de cambio, que pretende reivindicarla en el ámbito político, económico y social, frente a sus pares masculinos. Las mujeres quieren recibir un trato igualitario así como anhelaron desde hace mucho conseguir el voto femenino. El mismo que se obtuvo al estallar la Primera Guerra Mundial, donde ocuparon el rol activo que ejercían los varones, lo que conllevo a una situación de independencia económica apresurando el sufragio para la mujer.
La mujer del siglo XXI no es la misma de hace 100 años atrás. Son mujeres convencidas de que sus derechos deben ser respetados, creen firmemente en la no dependencia frente al varón, ni al permiso para manejar sus propios bienes. De esta forma, las mujeres le están haciendo frente a una comunidad que les brinda un trato desigual, tal como lo demuestra la “Encuesta Nacional de Discriminación” elaborada entre agosto y septiembre del 2004 a un total de 1600 personas por la ONG DEMUS.
¿Y que opinión le merecen los casos de violencia contra la mujer? … Los medios no le han dado la importancia debida, tanto que periódicos sensacionalistas toman este asunto como lo que creen ser: Negocios, titulares que venden…y venden más. Expresiones que logran agravar el clima que se vive, tales como las emitidas en diferentes titulares sobre casos de abusos y asesinatos contra mujeres, como por ejemplo:
- “Revientan cabeza a jermita”
- “Yungay mata a su ex y se vuela sesos”
- “Mata enamorada quinceañera por bailar perreo”
- “Fiscal mata mujer e hijo para no pasarle pensión”
- “Mató a chica porque no quiso darle cucú”
- “Bestia estrangula y viola teclita”
- “Acuchilla a su ñorsa por tramposa”
Y otros titulares que no respetan la muerte de las mujeres, usando un lenguaje indigno, típico de callejón que solo reivindican la permanencia de estereotipos de género, devaluando lo femenino. Lo que lejos de corregir el problema e incentivar la no violencia, hace lo contrario al perpetuar la violencia femenina como un show mediático, en la que la televisión es el gran maestro, el que enfoca de manera precisa la violencia y la subordinación femenina frente a un varón autoritario.







